¿QUÉ HA SIGNIFICADO PARA MÍ “PASAR PÁGINA”?

Liberarse del resentimiento, del sentimiento de culpa y del victimismo ha hecho que mi vida, en todos sus aspectos, la viva de una manera diferente. Y gracias a ello he podido vivir y sentir cosas maravillosas.
Recuerdo muchas cosas bonitas de todo el proceso, con sus momentos más difíciles y los más maravillosos de mi vida. Uno de ellos fue las ganas de que todo el mundo se sintiera como yo, las ganas de que todos tuvieran la misma oportunidad que tuve yo de poder convertir el dolor en aprendizaje.
Cuando entiendes que todo lo que te ha pasado forma parte del aprendizaje de tu vida y que lo mejor que puedes hacer con ello es darle la vuelta y darle un nuevo sentido para tener una vida plena.
Es como hacer magia.
Todo este aprendizaje me llevó a que en un taller con Xavier Caparrós del altruismo, además viera claro que después de haber sido víctima de abusos y malos tratos, la única salida para poder cambiar las cosas era “darle la vuelta”
¿Y si hacemos este taller en un centro penitenciario? ¿Y si intentamos dejar de juzgar lo que ya está juzgado y tratamos de que todos encuentren ese camino único de liberación para poder empezar una nueva vida, una vida libres?

Llevé mi boca al corazón y dejé que él se encargara de transmitir todo lo que sentía

No puedo explicar con palabras lo que sentí en aquella sala rodeados de personas que nos miraban a Xavier y a mi, que esperaban algo de nosotros, de nuestras palabras.  Personas a las que quería contarles tantas cosas y no sabía cómo hacerlo. Y a las que estaba dispuesta a echar una mano sin pensar. Y decirles que se puede, que sí se puede.
Me temblaba la voz, le decía a Xavier, “empieza tú” y no sabía cómo empezar pero llevé mi boca al corazón y dejé que él se encargara de transmitir todo lo que sentía.
“Fui una niña abusada y una mujer maltratada …..” Así salieron mis primeras palabras, sin pensar qué podría suceder allí después de decirlas. Es verdad que al principio fue tenso y que las miradas eran de incomprensión pero según fui dejando que las palabras salieran, me sentí muy segura y, sobretodo, muy cómoda.
Pude explicar el por qué, el por qué había decidido mostrarles que el rencor, el dolor, la rabia, el odio, la tristeza no iban a hacer que me sintiera mejor, que lo único que había hecho que me sintiera mejor era liberarme de todo eso e integrarlo de tal manera que ahora vivía libre y feliz. Más libre que nunca.
Era la primera vez que explicaba eso delante de tanta gente y más aún de gente que no me conocía de nada, pero me sentí más cómoda que nunca y muy acompañada.
Fue la primera vez en mi vida que no se me empañaron los ojos ni se me puso un nudo en la garganta al contarlo. ¿Por qué? Porque hablé desde el aprendizaje, no desde el dolor.
Compartir esa experiencia con Xavier y con todas las personas que estaban allí, para mi fue un regalo. Uno de los grandes regalos que me ha dado la vida.
Recuerdo salir del centro, mirar a Xavier y decirle que me sentía la mujer más afortunada del mundo, por fin todo tenía sentido. Y ahora íbamos a ayudar a que “el todo” de otras personas también tuviera ese sentido que tanto necesitaban.
Después de ese día, el taller, las visitas, las llamadas, las cartas, los dibujos y manualidades, los encuentros con familiares en las salas de espera, todo empezó a formar parte de unos fines de semana llenos de momentos increíbles.
Recuerdo a cada persona con la que he compartido aunque sea un minuto allí. A los funcionarios y funcionarias que cada día acompañan, escuchan y apoyan a las familias que van de visita. A los familiares que tratan de llevar la situación como pueden, sacando sonrisas en la entrada y a veces derrumbándose al salir, he sentido sus alegrías, sus inquietudes, sus miedos y sus lágrimas como si fueran míos y para mí, conocerles, ha sido un verdadero regalo. He intentado darles lo mejor de mí y que sintieran que de una manera u otra estaba ahí.
De los chicos sólo puedo decir cosas maravillosas. Hemos pasado momentos más difíciles que otros, es verdad. Pero nos hemos mantenido firmes en nuestros propósitos y eso ha hecho que hoy las cosas sean diferentes y que tengamos un montón de proyectos y cambios.
Hemos caminamos juntos y hemos aprendido unos de otros.
Hemos entendido que el único camino para estar bien es tener una buena actitud para el cambio, confiar en nosotros, no juzgar, no criticar, entender que lo hicimos lo mejor que pudimos, que los demás lo hicieron lo mejor que pudieron, perdonar, perdonarnos, escucharnos, que todos tenemos una parte de responsabilidad en las cosas que pasan, dejar de ser víctimas y verdugos y liberarnos de todo lo que nos hacía quedarnos en el mismo lugar. Hemos entendido que los únicos que podemos vernos como personas capaces somos nosotros mismos y que por ese camino todo serán regalos
Hoy, ellos acompañan a otros y esos “otros” a otros. Y es que cuando uno encuentra el camino, no camina solo.
Experiencia de María Prieto, voluntaria de Vida Significativa.