Todavía siento una especie de pinchazo en el corazón y ya han pasado más de tres semanas desde que fui a casa de esta familia. A veces, no se pueden hacer fotos de algunos espacios, caras ni situaciones. Por respeto a lo que viven; por la propia vergüenza que se me adentra de sólo plantearlo; por su dignidad …

Tampoco os puedo explicar en detalle su realidad, pero sí os hablaré de algún aspecto que quiero contar.

Todo comenzó cuando, en la escuela donde trabajo, el alumno de una colega se desmayó en medio del aula. Después de investigar un poco y ver algunos síntomas evidentes, supo que el niño no había comido en casa, ni llevaba comida para el desayuno. Cada día, sólo entrar en la escuela, le pedía si podía ir al lavabo y llevaba ropa muy pequeña, sucia. Rosa, la maestra, enseguida me comentó sus sospechas y, sabiendo que formo parte de Vida Significativa, me pidió ayuda.

Personalmente, nunca me había encontrado ante un caso de desnutrición infantil. Lo había visto en muchos países donde he viajado, pero aquí, no.

Decidimos ponernos en acción inmediatamente y vamos a buscar unas cuantas bolsas con ropa de abrigo para toda la familia a la Armario Solidario que gestionamos y un buen lote de comida fresca. El padre nos recibe y nos deja subir al piso; conocemos, aún con más detalle, la cruda y paupérrima situación que afrontan. Son 5 hijos, todos niños, de edades entre 2,5 y 13 años, la madre enferma de cáncer de pecho y el padre, desbordado por la situación, sin trabajo, haciendo lo que puede para soportar la agria sensación del por qué les está pasando todo esto. Llegamos a la hora de comer y, lo único que tienen en una mesita pequeña en medio del comedor son unas alubias con una barra de pan. Todos comparten el mismo plato. Al entrar, enseguida nos damos cuenta de que viven en una vivienda ocupada, sin agua, luz pinchada, puerta llena de candados y clavos. Condiciones aún más difíciles, por decirlo de alguna manera.

– “Yo, podría ser ellos” – me digo a menudo.

No puedo olvidar las miradas de los hermanos cuando entré el primer día en el piso. Ni la de la madre.

CUANDO AYUDAS, ESTÁS HACIENDO UNO DE LOS MEJORES ACTOS QUE EXISTEN

Y ahora, cada día me buscan por la escuela y, aunque sea con la mascarilla puesta, nos dedicamos unas miradas y una sonrisa encubierta. Me vienen a abrazar y rompemos el grupo burbuja. Un abrazo sincero y de amor. Lloro por el agradecimiento continuo que siento de ellos. Porque me recuerdan que, cuando ayudas, estás haciendo uno de los mejores actos que existen. Porque siento y vivo la vulnerabilidad y la fragilidad de los humanos. Aprendo diariamente. Infinidad de gracias por todo lo que estoy viviendo y que, a pesar de la dureza de la situación, no paran de brotar semillas de esperanza y de solidaridad.

Gracias a todas las personas que nos están ayudando. Gracias a todas las asociaciones y grupos humanitarios con quien estamos tejiendo solidaridad… Gracias.

Como ONG y comunidad educativa que represento (y otras entidades colaboradoras), estamos ayudando y acompañando a esta familia y a muchas otras a que se fortalezcan y se sientan acompañadas, a que normalicen la alimentación y salgan de la anemia en la que se encuentran.

Si quieres colaborar con la ONG, lo puedes hacer siempre que quieras. Todo el mundo es bienvenido y la ayuda, bien acompañada y ubicada en lo más necesario y urgente. ¡De proyectos, tenemos unos cuantos! Visita la web vidasignificativa.org y verás todo lo que hacemos por nuestra región. Que, a pesar de la pandemia, ¡¡no paramos!!

Escrito por Laia Freixanet, integrante y voluntaria de nuestra ONG.